Reflexión Jueves Santo

Por: Ferney Alonso Giraldo Castro. Pbro.

A. El resumen de la ley


Utilizando la figura de la discusión rabínica, el evangelista Mateo en su capítulo 22, presenta a Jesús como un maestro confrontado por escépticos representantes de las comunidades judías. Después de generarles estupor por la sabiduría de sus argumentos, un doctor de la ley, poniendo a prueba a Jesús le pregunta «¿Cuál es el mandamiento más grande de la ley?».


En aquel momento, Jesús responde de modo lapidario «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente... Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas».


Sin embargo, la respuesta aún era inconclusa, pues faltaba el momento culmen, por el cual, Jesús mediante su entrega, ilustra y sintetiza lo que significa ese amor total.


En el capítulo 13 de san Juan ha llegado el momento de darle resumen a la ley. Jesús está con sus discípulos en la intimidad de la cena de la pascua en Jerusalén y con el corazón expandido por la humanidad, con un simple y revolucionario acto, sintetiza la obra de la salvación.


En aquella cena, podemos contemplar al hombre que tiene por prioridad caminar las sendas establecidas por el padre, como lo hizo Abrahán. Allí, lavando los pies, está inclinado el liberador del pueblo que desata las pesadas esclavitudes que soportan, como lo hizo Moisés. En ese humilde recinto, se encuentra el verdadero y ungido rey que crea una nueva civilización, como lo hizo David. Allí se encuentra Elías, pues se enseña en que consiste la verdadera religión. En aquel aposento está el gran Jeremías, pues se establece la nueva y definitiva alianza. En esta cena están los sabios de Israel, quienes proclamaban «La abeja es pequeña entre los animales que vuelan, pero lo que produce es más dulce que todo» (Eclesiástico 11,3). Así pues, en este día se fundamentan toda la ley y los profetas.


B. El mensaje de la cena del Señor


Este momento trascendental, escena que resume la ley y la enseñanza de Jesús, sigue siendo la fuente de la cual bebe la Iglesia y sus hijos para continuar el camino de la historia, intransitable sin este viático santo.


De esta cena, brota el sacramento de la eucaristía alimento que nos une a nuestro salvador y redentor. La hostia consagrada, como lo mencionaba Santa Laura Montoya, «Es el corazón de mi Dios, y el Dios de mi corazón». Aunque el mas terrible de los encierros nos aísle, aunque el distanciamiento social nos aleje aunque el individualismo nos parcele en la soledad, Dios siempre camuña con nosotros, Jesús es el maná inmarcesible.


De esta cena, brota el sacramento del sacerdocio y el mandato del servicio. Nos hemos enterado abruptamente que la sociedad sólo se construye y sostiene en el hombro del que hace las mas humildes y vitales de las labores. De esta cena brota el agradecimiento a los médicos, a los docentes, a las autoridades militares, a los aseadores, a los recicladores, a todos los que saben servir y en lo más frágil de la humanidad, siguen proclamando la muerte del Señor hasta que el vuelve. De este banquete brota la alabanza a Dios por el don del sacerdocio, sacramento encargado a los necios y débiles, en favor los humildes y sencillos.


De esta cena, brota el mandamiento del amor. Con bastante lucidez lo expresó Bonhoeffer «La Iglesia es la Iglesia solo cuando existe para los demás... No dominando, sino ayudando y sirviendo. Debe decirle a los hombres de cada vocación lo que significa vivir para Cristo, existir para los demás».


C. Fratelli Tutti


La Iglesia es promotora de unidad, generadora del vínculo de comunión, puente de fraternidad entre los hombres y las naciones. Es por esto, que el Papa Francisco a recordado este llamado en su encíclica Fratelli Tutti, en la cual nos propone un modelo de organización social en el que prevalezca el amor y la caridad.


En este jueves del amor, hagamos eco de algunas de las ideas allí desarrolladas, buscando hacer concreto este mandamiento que fermenta y libera a los hombres.


  • La buena política busca caminos de construcción de comunidades en los distintos niveles de la vida social, en orden a reequilibrar y reorientar la globalización para evitar sus efectos disgregantes. (182)


  • «Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo “dialogar”. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar». (198)


  • Los que perdonan de verdad no olvidan, pero renuncian a ser poseídos por esa misma fuerza destructiva que los ha perjudicado. (251)


Finalmente, nos disponemos a dejarnos absorber por el ambiente de esta tarde santa, para que el fulgor de tu cuerpo sacramental, siga sanando a este mundo herido, el cual, sufre muchas enfermedades, pero la peor de ellas la pandemia del desamor.