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"De acuerdo con lo indicado en la Exhortación apostólica post-sinodal Pastores dabo vobis, son cuatro las dimensiones que interactúan simultáneamente en el iter formativo y en la vida de los ministros ordenados: La dimensión Humana, que representa la "base necesaria dinámica" de toda la vida presbiteral; la dimensión Intelectual, que ofrece los instrumentos racionales necesarios para comprender los valores propios del ser pastor, procurar encarnarlos en la vida y transmitir el contenido de la fe de forma adecuada; la dimensión Pastoral, que habilita para un servicio eclesial responsable y fructífero.

Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis # 89

Áreas de Formación 

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Dimensión Espiritual

La formación espiritual se orienta a alimentar y sostener la comunión con Dios y con los hermanos, en la amistad con Jesús Buen Pastor y en una actitud de docilidad al Espíritu. Esta Intima relación forma el corazón del seminarista hacia el amor generoso y oblativo que representa el inicio de la caridad pastoral.

El centro de la formación espiritual es la unión personal con Cristo que nace y se alimenta, de modo particular en la oración silenciosa y prolongada. Mediante la oración, la escucha de la Palabra, la participación asidua en los sacramentos, en la liturgia y en la vida comunitaria, el seminarista fortalece su propio vinculo de unión con Dios, según el ejemplo de Cristo, quien tuvo como programa de vida hacer la voluntad de su padre 

Dimensión Espiritual

La llamada divina interpela y compromete al ser humano "concreto". Es necesario que la formación al sacerdocio ofrezca los medios para facilitar su maduración, con vistas a un autentico ejercicio del ministerio presbiteral. Para este fin, el seminarista está llamado a desarrollar la propia personalidad, teniendo como modelo a Cristo, el hombre perfecto.

La Amplia reflexión del Nuevo Testamento sobre los criterios de idoneidad de los ministros ordenados muestra con cuanta atención, ya desde los orígenes, se cuidaban los aspectos propios de la dimensión humana. Una recta y armónica espiritualidad exige una humanidad bien estructurada; como recuerda Santo Tomás de Aquino, "la gracia presupone la naturaleza" y no la sustituye, sino que la perfecciona.

Dimensión 

Humano-Comunitaria

Dimensión 

Humano-Comunitaria

La formación Intelectual busca que lo seminaristas obtengan una solida competencia en los ámbitos filosófico y teológico, y una preparación cultural de carácter general, que les permita anunciar el mensaje evangélico de modo creíble y comprensible al hombre de hoy, entrar eficazmente en dialogo con el Mundo contemporáneo y sostener, con la luz de la razón, la verdad de la fe, mostrando su belleza.

Con dedicación diligente, los candidatos al presbiterado deberán prepararse, a través de la profundización en las ciencias filosóficas y teológicas, con una buena introducción al derecho canónico y a las ciencias sociales e históricas, a dar razón de la esperanza" (cfr. 1 Pe 3, 15), para favorecer el conocimiento de la Revelación de Dios y conducir a todas las gentes a la obediencia de la fe.

(cfr. Rm 16,26)

Dimensión Intelectual
Dimensión Intelectual

Ya que la finalidad del Seminario es la de preparar a los seminaristas para ser pastores a imagen de Cristo, la formación sacerdotal debe estar impregnada de un espíritu pastoral, que los haga capaces de sentir la misma compasión, generosidad y amor por todos, especialmente por los pobres, y la premura por la causa del Reino, que caracterizan el ministerio publico del Hijo de Dios; actitudes que se pueden sintetizar en la caridad pastoral.

Sin embargo, se debe ofrecer una formación de carácter específicamente pastoral, que ayude al seminarista a adquirir la libertad interior necesaria para vivir el apostolado como servicio, capacitándolo para descubrir la acción de Dios en el corazón y en la vida de los hombres.

Dimensión Pastoral
Dimensión Pastoral