LOGO EN ESPAÑOL DEL «AÑO DE LA FE»

EXPLICACIÓN DEL LOGO

Sobre un campo cuadrado, enmarcado, se representa simbólicamente una barca –

imagen de la Iglesia- en navegación sobre olas apenas insinuadas gráficamente

cuyo árbol maestro es una cruz que iza las velas con signos dinámicos que

realizan el monograma de Cristo; el fondo de las velas es un sol que asociado al

monograma hace referencia también a la Eucaristía.

MONICIONES

Monición introductoria de la Misa

Reunidos como Iglesia, y en el marco de esta Eucaristía, aceptemos la invitación

que nos ha hecho el Santo Padre Benedicto XVI para celebrar un especial Año de

la Fe.

También, demos gracias a Dios por dos grandes acontecimientos eclesiales: Los

cincuenta años del inicio del Concilio Vaticano II y los veinte años de la publicación

del Catecismo de la Iglesia Católica.

Que esta celebración sea la oportunidad para conocer, profundizar y vivir más

auténticamente nuestra fe, de tal manera que ella ilumine nuestra vida y nos

ayude a convertirnos en signos vivos de la presencia de Cristo Resucitado en el

mundo.

Monición a la Liturgia de la Palabra

Escuchemos atentamente la Palabra que va a ser proclamada. Es Dios mismo

quien nos habla y nos salva; así lo reconocemos. Ella afiance y haga crecer

nuestra fe. Acojámosla con humildad.

Monición al encender las velas del cirio pascual

El cirio pascual encendido es signo y presencia de Cristo Resucitado, Luz del

mundo. En el Bautismo se nos ha dado esta Luz, para ser siempre iluminados

como hijos de la Luz y, perseverando en la fe, poder algún día salir con todos los

santos en el cielo al encuentro del Señor. Esta luz que encendemos es signo de

la fe que profesamos.

Monición antes de recitar el Símbolo o Profesión de la fe

(La hace quien preside la celebración)

«Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un

solo Dios que es Amor (Cf. 1Jn 4,8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos

envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte

y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través

de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor» (Porta fidei, n. 1).

Todos recitemos ahora en forma pausada y solemne el Símbolo de nuestra Fe.

Monición antes de la entrega de la Carta apostólica «Porta fidei»

(La hace quien preside la celebración)

La fe sólo crece y se fortalece creyendo. No hay otra posibilidad para poseer la

certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un in crescendo continuo, en las

manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su

origen en Dios.

Por ello, queremos entregar a cada uno de Ustedes la Carta apostólica «Porta

fidei», para que la puedan leer y meditar, de tal manera que sea un valioso

instrumento que nos motive a redescubrir los contenidos de la fe que profesamos,

celebramos, vivimos y recitamos.

Monición antes de recitar la Oración por la paz

(La hace quien preside la celebración)

Son muy importantes y valiosos los esfuerzos que se realizan para conseguir la

paz; nosotros los acompaños con nuestra oración. Que al recitar con devoción la

oración atribuida a San Francisco de Asís, le pidamos al buen Dios que nos

conceda ser constructores de justicia, perdón y reconciliación, y que lleve a feliz

término los diálogos que está adelantando el Gobierno Nacional con la guerrilla de

las FARC.

Monición antes de la bendición final de la Misa

Hermanos, que este Año de la Fe nos lleve a una más cercana relación con el

Señor Jesús, pues sólo en él descubrimos el verdadero rostro de Dios, tenemos la

certeza para mirar el futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero.

Salgamos de esta Eucaristía fortalecidos en nuestra fe y con ferviente deseo de

hacer vida lo que aquí hemos celebrado.

FORMULARIO DE LA MISA

Puede seguirse el formulario de la Misa del día, o el formulario de la Misa votiva

de La Santísima Trinidad (con su Prefacio propio, pp. 977-978 del Misal Romano),

o el formulario de la Misa Por la evangelización de los pueblos, A (p. 934 del Misal

Romano), que se presenta a continuación.

Antífona de entrada Cfr. Sal 66, 2-3

Que Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, ilumine su rostro sobre

nosotros y nos tenga compasión; de modo que en la tierra conozcamos tus

caminos y todos los pueblos tu salvación.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Oh Dios, que enviaste al mundo a tu Hijo

como luz verdadera,

derrama el Espíritu prometido,

que incesantemente siembre la semilla de la verdad

en los corazones de los hombres,

y suscite en ellos la obediencia de la fe,

para que, renacidos a una nueva vida por el Bautismo,

todos lleguen a formar parte de tu único pueblo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos. R. Amén.

Se dice Credo

(De manera solemne, ver indicación propuesta)

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, el rostro de tu Cristo

que se entregó a sí mismo por la salvación de todos;

haz que tu nombre sea glorificado entre las naciones,

y que se ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha,

desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Prefacio Común VI: El misterio de nuestra salvación en Cristo

V. El Señor esté con ustedes. R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar,

por Jesucristo, tu Hijo amado.

Por Él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas;

Tú nos lo enviaste para que,

hecho hombre por obra del Espíritu Santo

y nacido de María, la Virgen,

fuera nuestro salvador y redentor.

En cumplimiento de tu voluntad,

para destruir la muerte y manifestar la resurrección,

Él extendió sus brazos en la cruz,

y así adquirió para Ti un pueblo santo.

Por eso, con los Ángeles y con todos los Santos,

proclamamos, a una voz, tu gloria, diciendo:

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo.

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna en el cielo.

Bendito el que viene en nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.

Plegaria Eucarística: Escoger entre I, II y III.

Antífona de comunión Cfr. Mt 28,20

Enseñen a todo el mundo a observar todo lo que yo les he mandado, dice el

Señor. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

Oración después de la comunión

Alimentados con los dones de nuestra redención,

te pedimos, Señor, que este alimento de salvación eterna

nos haga crecer siempre en la fe verdadera.

Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Bendición solemne: En el Tiempo Ordinario III

Dios omnipotente con su misericordia los bendiga,

y les infunda el afecto de la sabiduría que salva.

R. Amén.

Les conceda crecer siempre en la fe

y les dé perseverancia en el obrar con santidad.

R. Amén.

Dirija sus pasos hacia Él

y les muestre el camino del amor y de la paz.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo † y Espíritu Santo,

descienda sobre ustedes y permanezca siempre.

R. Amén.

LECTURAS

Del día, o de la Solemnidad de La Santísima Trinidad (Leccionario Dominical Ciclo

B: Dt 4,32-34.39-40 / Sal 33(32),4-5.6+9.18-19.20+22 (R. cf. 12) / Rm 8,14-17 / Mt

28,16-20). Se sugiere también tener presente el siguiente esquema:

Primera Lectura: Dt 6,4-13

Lectura del libro del Deuteronomio

Moisés habló al pueblo, diciendo:

- «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al

Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Que penetren en tu mente estas palabras que yo te dicto hoy. Se las

repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de

viaje, así acostado como levantado; las atarás a tu mano como una señal, y

serán como una insignia entre tus ojos; las escribirás en las jambas de tu casa y

en tus puertas.

Cuando el Señor tu Dios te haya introducido en la tierra que ha de darte,

según juró a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob, poseerás ciudades grandes y

hermosas que tú no has edificado, casas llenas de toda clase de bienes, que tú

no has acarreado, cisternas excavadas que tú no has excavado, viñedos y

olivares que tú no has plantado.

Entonces, cuando comas y te hartes, cuídate de no olvidarte del Señor, que

te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre.

Al Señor tu Dios temerás, a él servirás y por su nombre jurarás.»

Palabra de Dios.

Salmo de respuesta: 16(15),1-2a.4.5+8.11 (R. 1)

R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío , que me refugio en ti;

yo digo al Señor: «Tú ere mi bien». R.

Multiplican las estatuas

de dioses extraños;

no derramaré sus libaciones con mis manos,

ni tomaré sus nombres en mis labios. R.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;

mi suerte está en tu mano.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no vacilaré. R.

Me enseñarás el sendero de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha. R.

Segunda Lectura: Rm 10,8-15

Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Romanos

Hermanos:

La Escritura dice:

«La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón».

Se refiere a la palabra de la fe que anunciamos.

Porque, si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu

corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.

Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con los labios se

profesa para alcanzar la salvación.

Pues dice la Escritura:

«Nadie que crea en él quedará confundido».

En efecto, no hay distinción entre judío y griego, porque uno mismo es el

Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan, pues «todo el que

invoque el nombre del Señor se salvará».

Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquél en quien no han creído?; ¿cómo

creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin

nadie que anuncie? y ¿cómo anunciarán si no los envían?

Según está escrito:

«¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien».

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 8,31b-32

«Si permanecen en mi palabra, serán de veras discípulos míos; conocerán

la verdad, y la verdad los hará libres» - dice el Señor.

Evangelio: Jn 14,1-12

† Lectura del santo Evangelio según San Juan

En la última cena, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se inquiete su corazón, crean en Dios y crean también en mí. En la

casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, se lo habría dicho, porque me

voy a prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y los

llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y a donde yo

voy, ya saben el camino».

Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el

camino?».

Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al

Padre sino por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre.

Ahora ya lo conocen y lo han visto».

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con ustedes, ¿y no me conoces,

Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú:

"Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?

Lo que yo les digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en

mí, él mismo hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí.

Si no, crean a las obras.

En verdad, en verdad les digo: el que cree en mí, también él hará las obras

que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

Palabra del Señor.

SÍMBOLO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo Dios,

Padre todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra,

de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor Jesucristo,

Hijo único de Dios,

nacido del Padre antes de todos los siglos:

Dios de Dios, Luz de Luz,

Dios verdadero de Dios verdadero,

engendrado, no creado,

de la misma naturaleza del Padre,

por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación

bajó del cielo,

En las palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.

y por obra del Espíritu Santo

se encarnó de María, la Virgen,

y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado

en tiempos de Poncio Pilato,

padeció y fue sepultado,

y resucitó al tercer día, según las Escrituras,

y subió al cielo,

y está sentado a la derecha del Padre;

y de nuevo vendrá con gloria

para juzgar a vivos y muertos,

y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,

Señor y dador de vida,

que procede del Padre y del Hijo,

que con el Padre y el Hijo

recibe una misma adoración y gloria,

y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,

que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo Bautismo

para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos

y la vida del mundo futuro.

Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES

Presidente: Movidos por el Espíritu Santo y agradecidos por el don de este Año

de la Fe, oremos a Dios Padre, que en Jesucristo, su Hijo y Señor nuestro, nos ha

salvado, y digámosle confiadamente:

R. Escúchanos Padre y aumenta nuestra fe.

1. Por la Iglesia, para que a través del Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos y

demás ministros, realice con valentía y constancia la labor de la evangelización,

que lleve a tantos a encontrar el verdadero camino de la Salvación, roguemos al

Señor.

2. Por los gobernantes de las naciones, para que con la asistencia del Espíritu de

Sabiduría sepan dirigir, por los caminos de la paz, los destinos de los pueblos a

ellos encomendados, roguemos al Señor.

3. Por todos los que sufren, por los alejados e indiferentes, por quienes viven sin

esperanza, para que puedan encontrar la puerta de la fe que lleva a Jesucristo,

que da sentido a la vida y es la respuesta al drama del sufrimiento y del dolor,

roguemos al Señor.

4. Por todos los que estamos aquí reunidos, para que vivamos siempre la fe como

Don de Dios y la confesemos con valentía en todas partes, roguemos al Señor.

Oración conclusiva

Señor, Dios Padre nuestro,

escucha benigno las oraciones que te hemos dirigido,

y concede a tu Iglesia redescubrir en este Año de la Fe,

los caminos de renovación trazados por el Concilio Vaticano II.

Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES

Inspirada por los Cincuenta años del Concilio Vaticano II

(Aporte del Padre Diego Alberto Uribe Castrillón)

Presidente: Oremos, convocados por la fe y unidos en el amor, al Dios en quien

hemos puesto nuestra esperanza, y confiadamente digamos:

R. Oh Señor, escucha y ten piedad.

1. Oh Luz de las Gentes (LUMEN GENTIUM) que haces nacer la Iglesia y la

sostienes en el mundo, haz que nuestro pueblo, apoyado por el testimonio del

Papa y del Colegio de los Obispos, encuentre en la fe motivos de Gozo y

Esperanza (GAUDIUM ET SPES) para seguir llevando a todas las gentes ( Ad

gentes) el consuelo del Evangelio.

2. Dios de la vida, que has colmado de bendiciones a tu Iglesia con la celebración

del Sacrosanto Concilio (SACROSANCTUM CONCILIUM) Ecuménico Vaticano

Segundo, haz que tu pueblo, celebrando con gozosa esperanza la Liturgia en

este tiempo, pueda pregustar los gozos de la eternidad a la que le sigues

llamando en la fe.

3. Dios siempre fiel, que en tu Hijo, Cristo el Señor(CHRISTUS DÓMINUS) nos has

revelado el secreto de tu voluntad, haz que siguiendo tu Palabra Divina (DEI

VERBUM), podamos invitar a cuantos creen en ti a la unidad y reintegración (

UNITATIS REDINTEGRATIO) de todo el pueblo santo.

4. Dios sabio y bondadoso, acompaña con amor la misión del Orden de los

Presbíteros (PRESBYTERORUM ORDINIS), la opción (OPTATAM TOTIUS) de cuantos

sienten la vocación a los sagrados ministerios, y la voluntad de los que en

Perfecta Caridad (PERFECTAE CARITATIS) han decidido seguir los consejos del

Evangelio, para que sean en el mundo fervientes testigos de la verdad y de la

vida.

5. Dios clemente y misericordioso, haz que miremos con confiada esperanza a las

Iglesias Orientales(ORIENTALIUM ECLESIARUM) y a cuantos te buscan con

sincero corazón, para que en nuestro tiempo (NOSTRAE AETATE) aprendamos a

vivir en comunión y en mutua acogida.

6. Dios de la paz y de la unidad, acompaña con tu gracia a nuestros Laicos

comprometidos y empeñados en la acción apostólica (APOSTÓLICAM

ACTUOSITATEM) puedan al mundo entero con la ayuda de los maravillosos

medios (INTER MIRIFICA) de comunicación, la luz del Evangelio.

Oración conclusiva

Acoge, Señor de nuestras vidas,

la súplica de la Iglesia que,

peregrinando en la historia, quiere glorificarte

en unión con todos los que te buscan con sincero corazón.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

ORACIÓN POR LA PAZ

(Atribuida a San Francisco de Asís)

Señor, hazme un instrumento de tu paz.

Que donde quiera que haya odio, siembre yo amor;

donde haya injuria, perdón;

donde haya duda, fe;

donde haya desesperación, esperanza;

donde haya oscuridad, luz;

donde haya tristeza, alegría.

¡Oh Divino Maestro!

Concédeme,

que no busque ser consolado, sino consolar;

que no busque ser comprendido, sino comprender;

que no busque ser amado, sino amar.

Porque dando, es como recibo;

perdonando es como Tú me perdonas;

y muriendo en Ti, nazco para la vida eterna.

Amén.

CARTA APOSTÓLICA