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Lectio Divina, Domingo 14 de agosto de 2014

Setenta veces sieteLectio Divina, Domingo 14 de agosto de 2014

EVANGELIO: Mateo 18, 21-27

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

ECO: ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?

Meditación: Hoy mi Señor por medio de su santa Palabra me pone delante toda la Misericordia que me ha tenido al perdonar mis pecados en la Cruz, lo cual, se concretó el día de mi Bautismo y cada vez que acudo al sacramento de la Reconciliación. ¡Siempre que reconozco mis faltas, me arrepiento y se lo pido, cuento con su perdón! Así, hoy esta santa Palabra me invita a perdonar con ese mismo perdón que he recibido tantas veces. Así, debo empezar por perdonarme a mí mismo con el perdón que recibo del Señor y después por perdonar cada vez que me sienta ofendido con el perdón del Señor. Con esto podré experimentar la alegría de sentirme libre de las ataduras que se forman por el rencor. 

Oración: Señor Jesús, yo decido perdonarme con tu perdón y perdonar también con tu amor a los demás. Bendice a los que me han ofendido, tanto como me hayan ofendido, no les tengas en cuenta sus errores. 

 

Septiembre, mes de la Biblia

Mes de la Biblia

 

Lectio Divina, Domingo 24 de agosto de 2014

Jesús y PedroEvangelio según san Mateo (16,13-20)

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos contestaron: "Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo." Jesús le respondió: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo." Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

ECO: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". 

Hoy, con esta santa Palabra del Señor, mi corazón se alegra porque Él me ha llamado a pertenecer a la Iglesia que Él fundó: la Iglesia Católica. Así, esta Palabra me anima amar más la Iglesia, al Papa, a los obispos, sacerdotes y a cada uno de mis hermanos. Asimismo, me hace ver que el reconocimiento de Jesús como Mesías es un don de Dios, es decir, me hace ver que la fe es un don y por lo tanto la debo pedir a Dios. 

Finalmente, esta Palabra me anima para que cuando tenga mis dudas de fe, me apoye en la fe de Pedro, es decir, en la fe de la Iglesia que durante tantos siglos sigue confesando acerca de Jesús de Nazareth: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Oración: Muchas gracias Señor por tu santa Iglesia, por todas las gracias que recibimos a través de ella, especialmente tu cuerpo y sangre santísimos. Perdónanos por las veces en que la hemos mancillado, danos tu Santo Espíritu para vivificarnos. María Madre de la Iglesia, ruega por nosotros. 

 

 

Lectio Divina, Domingo 31 de agosto de 2014

cruz-del-cielo2Mateo 16,21-27

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismoEn aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte." Jesús se volvió y dijo a Pedro: "Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios." Entonces dijo a sus discípulos: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta."

ECO: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga".

MEDITACIÓN: Hoy esta santa Palabra del Señor, me ponde delante de la realidad de su seguimiento: si quiero seguirlo, debo negarme a mí mismo, tomar mi cruz y seguirlo. Primero: negarme a mí mismo, a mi soberbia, a mi egoísmo y a todo aquello que no le agrada a Dios. Segundo: Tomar mi cruz: es decir, abrazar los sacrificios y renuncias propios del seguimiento de Cristo; y tercero: seguir a Jesús, es decir, poner mi mirada fija en Él, con la seguridad de que no voy solo, de que la fuerza necesaria para seguir adelante, la obtengo de su vida, de su ejemplo y de su propia cruz que es, como dice san Pablo: "fuerza de Dios y sabiduría de Dios". Así, debo seguirlo con la mirada fija en Él, con la esperanza de la resurrección, pues no hay resurrección sin cruz, ni cruz sin resurrección, con la alegría de que la ofrenda de la propia vida se convierte en vida para los demás.

ORACIÓN: Santísima Virgen María, madre nuestra, tú que como perfecta discípula de Jesús lo seguiste hasta la cruz y gozaste también de su resurrección, enséñame a seguir a Jesús como tú e intercede para que el Espíritu Santo me alcance la gracia de perserverar hasta el final. Amén.

 

Lectio Divina, Domingo 10 de agosto de 2014


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ECO: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".

MEDITACIÓN: Hoy esta santa Palabra de mi Señor, me anima a confiar en Él, a no dejarme llevar por el desánimo y me recuerda que Él siempre está conmigo. Jesús me llama a estar con Él, me llama a ir a Él, a vivir en amistad con Él, es decir, a vivir en la gracia de Dios. Sin embargo, muchas veces experimento en mi vida la realidad de las caídas, la realidad del pecado. Entonces, ¿cómo puedo ir tras de Él sin hundirme a causa de mi debilidad y del pecado? Con esta santa Palabra tengo la respuesta: con la fe, es decir, si me apoyo en Dios, en su amor infinito y en su poder podré salir adelante y no hundirme, pero si me apoyo en mí mismo, entonces me hundiré. Sin embargo, aunque me empiece a hundir siempre tendré la posibilidad de gritar como Pedro: ¡Señor, sálvame! Con la plena confianza de que Él estirará su mano y me salvará.

ORACIÓN: Pido la intercesión de la Santísima Virgen, quien siempre supo confiar plenamente en Dios y en su voluntad que me enseñe a decir siempre: Jesús, yo confío en Ti.

 

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